LATINOAMERICA y la Argentina
Domingo 27 de julio de 2008 | Publicado en edición impresa
Por Manuel Alvarez-Trongé
Para LA NACION
Cerca de seiscientos millones de personas viven en América latina, entendiendo por tal el área que se extiende desde México, en el Norte, hasta la Argentina, en el Sur. El talento de muchos de sus ciudadanos y la riqueza de sus recursos naturales es proporcional a las crisis que deambulan de época en época por los países que la conforman. Pero del mismo modo que las crisis se suceden, las lecciones aprendidas han convertido hoy a países de la región en un mercado apreciado por los inversores internacionales. En este contexto, los argentinos debemos tomar conciencia, con humildad, de la oportunidad histórica que esta situación genera. Chile, México, Perú y Brasil (estos dos, recientemente) han sido calificados con investment grade , el sello internacional con que se distingue a las naciones seguras para invertir, y en los meses venideros se espera la negociación del Acuerdo de Libre Comercio para Colombia. Tendremos, entonces, la gran mayoría de la población de la región (cerca de 400 millones de personas) viviendo en países considerados aptos para la inversión. Esta calificación se estima que implicará un incremento de la inversión extranjera dentro de estas fronteras, aumento de producción, más empleo y un dato sumamente relevante: la salida de la línea de pobreza de aproximadamente 15 millones de latinoamericanos. Pero, lo que es más, permitirá atacar causas internas que detenían el desarrollo de América latina. En los últimos años, la región creció más por factores exógenos (por caso, el incremento de los precios de materias primas) que por vencer obstáculos internos pendientes: la educación, la investigación tecnológica y la consolidación de sus instituciones. Lo importante es que hay datos esperanzadores: 1) las siete economías más fuertes (Brasil, México, la Argentina, Colombia, Perú, Chile y Venezuela) crecen simultáneamente y en forma constante desde hace cinco años; 2) los registros de riesgo país se ubican hoy en un rango aceptable y 3) la demanda de alimentos y de recursos aquí producidos y las condiciones promedio de estabilidad democrática y económica en la región son razonables (sólo se incrementa la inflación en Venezuela y en nuestro país, lamentablemente, como focos de atención). Todo esto brinda sustento para afirmar que América latina, no sin problemas que afrontar, presenta un contexto general favorable. ¿Qué es lo que debemos hacer los argentinos para aprovechar este contexto? Tres puntos para reflexionar. En primer lugar, tomar conciencia que este panorama alentador que ofrecen países de la región, tiene raíces comunes. El premio Nobel de Economía Douglas North, quien ha estudiado los motivos que hacen que un país crezca en el largo plazo, da conclusiones útiles para la reflexión. North es, en sí mismo, una historia interesante. Brillante economista de la Universidad de Berckley, California, fue un declarado marxista en su juventud. Integró las fuerzas armadas norteamericanas en la II Guerra Mundial y luego se dedicó a entender cuáles eran los fundamentos del desarrollo de las naciones. "La riqueza de las naciones no la hacen sólo los recursos humanos ni los naturales, sino dos factores que se constituyen en pilares del desarrollo del ciudadano común: su firme voluntad de respetar sus instituciones y su inquebrantable reclamo de hacer valer las reglas de juego", concluye su obra cumbre, Instituciones: cambio institucional y desempeño económico . DESPUÉS DE LA CRISIS La crisis del campo y su desenlace disparan preguntas de actualidad: ¿tenemos hoy los argentinos estas condiciones? ¿Podemos convertirlas en vías del desarrollo de una nueva Argentina? En segundo término, los argentinos debemos tomar conciencia real de que somos latinoamericanos y de que ya no ocupamos un lugar de liderazgo en la zona. Preguntémonos por qué. Comprender esta realidad es una condición previa a nuestra reconquista, con un plan estratégico de largo plazo, de la posición que supimos ocupar. Como tercer punto, hay que reflexionar sobre las bondades que cada uno de nuestros vecinos competidores ofrece a los inversores. Pongámonos en el lugar de uno ellos que estudia un proyecto en esta zona. "¿Por qué invertir en la Argentina?", se preguntaría. Si nuestros vecinos fueron bendecidos con el sello de calidad de países seguros para invertir, ¿por qué decidirse por nuestro país? ¿Cuál es nuestra ventaja competitiva? ¿Nuestros recursos humanos, nuestros servicios, nuestras condiciones para establecerse en el país y desde aquí trabajar en América latina? ¿Qué deberíamos modificar para seducir las grandes inversiones que nos faltan? Miremos el futuro. Está bastante claro que algo distinto hicimos para no ser hoy nuestro país acreedor de la calificación de país con grado de inversión. Las inversiones acuden a lugares donde hay un fino equilibrio entre rentabilidad, mercado, recursos y seguridad que los inclina a decidirse. Un claro ejemplo de mercado atractivo es China, cuya dimensión seduce a través de la rentabilidad posible que esto supone. Aprovechemos la oportunidad única que el "barrio" en crecimiento, con sus virtudes y bondades, nos ofrece. El solo hecho de analizar la cuestión nos coloca un paso adelante. Como Sócrates nos enseñó, las mejores reflexiones no responden preguntas, sino que su habilidad justamente radica en formularlas. El desafío es colocar nuevamente a la Argentina en el lugar de liderazgo que nunca debió perder en América latina.
Manuel Alvarez-Tronge
El autor es abogado, reside en España y trabaja en América latina y China.
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